Cuando estos días salíamos de nuestras casas y mirábamos a nuestro alrededor, podíamos ver como la primavera poco a poco llenaba nuestros campos y jardines de vida y color. Las semillas estaban renaciendo después de la quietud del invierno, las flores llenaban los troncos que hasta hace unos días estaban desnudos y con su dulce fragancia eran capaces de hacer que esbozáramos una sonrisa sin darnos cuenta. Poco a poco, nuestros días crecen y disponemos de más luz que hace que nos sintamos más animados, con más ganas de vivir.

Es un ciclo que se repite: después del largo y oscuro invierno, llega la primavera repleta de posibilidades de crecimiento. Se la considera como ese periodo de “renacer” en el que todo es posible. En nuestra vida tenemos muchas “primaveras” disfrazadas de oportunidades de crecimiento y mejora personal y/o profesional. No tienen porqué ser grandes cosas, puede ser esa nueva forma de relacionarte con una amiga/o, con tu pareja, con tus hijos o contigo misma. Es una semilla que nace y que con el tiempo dará su fruto, eso sí hay que alimentarla, cuidarla y darle vida.

¿Y qué es Dar Vida?… Es comprometerte contigo y con todo tu potencial, con tus valores, esas palancas capaces de hacerte crecer o decrecer según las vivas… Dar Vida es poner tu foco y tu atención en lo que haces, en tu presente, con confianza en ti, en quién eres, más allá de las apariencias… Dar Vida es hacer crecer y evolucionar como hace un árbol con sus frutos, aceptándose a sí mismo y sus propios ritmos, sin exigencias y sin miedos.

El verano llega cargado de luz y color para mostrarnos que es el momento de la expansión, en el que las oportunidades toman la energía para crecer, para transformarse e ir madurado, y al final llegarán los frutos y el tiempo de la recolección. Es un momento de alegría, celebración y disfrute, tal como lo es la danza de los elementos en los campos.

La recolección llegará para aquellos que vieron oportunidad, creyeron en sí mismos y lucharon por ello, se arriesgaron a cambiar, hicieron lo que tenían que hacer en cada momento, trazaron un plan y lo siguieron pese a las dificultades: el exceso de agua, exceso de sol, la escasez, las malas hierbas, sólo fueron un obstáculo a salvar en el camino… En nuestro día a día encontramos situaciones que aparentemente nos superan, malas compañías que nos desaniman o alejan de aquello que anhelamos, pero si miras bien, no dejan de ser piedras en ese trayecto que simplemente hay que quitar, rodear o saltar para llegar con confianza a nuestro destino. Ese destino que nos hará sentir plenos y alegres por todo lo conseguido, sea material o no. El verano es el proceso de maduración y expansión de las oportunidades de nuestra vida.

Entender la naturaleza pasa por darnos cuenta de que los ciclos empiezan, crecen, decrecen y terminan para nuevamente empezar y que cada etapa tiene su propia misión en la vida. Nada es estático, todo fluye. Aunque lo olvidemos, estamos hechos de la misma materia que la naturaleza que nos rodea y estamos sometidos a las mismas leyes de evolución y cambio. Todo el conocimiento que necesitamos está a nuestro alrededor, cada situación que vivimos es una posibilidad de aprender. Cuando dudes pregúntate ¿qué haría si fuera un árbol o un pájaro? ¿Qué vería o sabría que ahora no estoy viendo? Es posible que al principio te cueste, pero estoy segura que se abre ante ti una gran sabiduría que te guiará en tu camino.

Alimenta tus sueños, hazlos crecer, dales amor y pon pasión en tu vida haciendo que cada instante sea un maravilloso milagro que merezca la pena vivir.

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