La definición de vulnerabilidad es “la cualidad que tiene alguien para poder ser herido”. Pensamos que las personas vulnerables se caracterizan por ser frágiles y con dificultades para soportar dolor físico o moral. Resulta muy común que la vulnerabilidad la asociemos con la debilidad, ya que nos resulta extraño que una persona fuerte y segura de sí misma pueda, de buenas a primeras, ser dañado o herido.

Y desde esta perspectiva resulta impensable querer ser vulnerable, pero lo cierto es que todos somos vulnerables. Estamos llenos de fortalezas y también de debilidades. Tenemos capacidad de superación, momentos de valentía, capacidad de asumir riesgos…pero también tenemos miedo a la soledad, a los momentos de tristeza, a las dudas, a las luchas internas, a las inseguridades, al desánimo… Vivimos tratando de maximizar nuestras fortalezas y minimizar nuestras debilidades, o al menos, que se noten lo menos posible. Para ello construimos personajes y máscaras con las que mostrarnos al mundo.

Estos personajes y máscaras los creamos para protegernos del dolor que una vez sufrimos o que creemos que sufriremos si nos mostramos tal como somos. Y es así como empieza una carrera loca y desenfrenada por ser quien no somos en aras de la seguridad y de ser aceptados. En el camino nos perdemos relaciones extraordinarias, que pudieron llegar a ser y no fueron. Amores que se perdieron por miedo a darnos a conocer, miedo a mostrarnos tal como somos con nuestras cosas positivas y negativas.

Tener miedo y sentirnos vulnerables es natural, aunque lo más importante es lo que hacemos con esos sentimientos. Si nos paralizan y nos angustian, están siendo nocivos para nosotros porque nos impiden crecer y nos mantienen bloqueados. Pero si aprendemos de ellos, los miramos cara a cara y tomamos una decisión, la que sea: hacer o no hacer, nuestro resultado cambia, porque somos nosotros los que nos damos el permiso y el poder de ser vulnerable o no y con quién serlo. Y es en este preciso momento en el que la vulnerabilidad se convierte en valentía, para abrirnos a aquellos que deseamos y valentía para protegernos de aquellos que no nos interesan.
Os comparto un cuento que oí hace años y que hace referencia al regalo que decido no aceptar:

“En una ocasión, un hombre se le acercó a Buda mientras éste hablaba con sus discípulos y comenzó a insultarlo e intentar agredirlo, Buda se mantuvo en un estado de imperturbable serenidad y silencio. Cuando hubo terminado de hablar, se retiró.

Un discípulo que se sintió indignado por los insultos que el hombre lanzó contra Buda le preguntó al Maestro por qué dejó que lo maltratara y lo agrediera.

A lo que Buda respondió con segura tranquilidad: –“Si yo te regalo un caballo pero tú no lo aceptas ¿de quién es el regalo?”

El discípulo contestó: –“Si no lo acepto, sería tuyo todavía”.

Entonces Buda respondió: -“Bueno. Estas personas emplean parte de su tiempo en regalarme sus insultos, pero al igual que un regalo, yo elijo si quiero aceptarlo o no. Los insultos son como regalos: si lo recoges, lo aceptas; si no lo recoges, quien te insulta se lo queda en sus manos. No podemos culpar al que insulta de nuestra decisión de aceptar su regalo. Por esa misma razón, esos insultos son para mí como un regalo que elijo no aceptar. Simplemente los dejo en los mismos labios de donde salen.”

 

Somos maestros constructores de nuestra propia vida, tanto si tomamos decisiones como si no lo hacemos, aunque los resultados son diferentes.

Ahora te toca decidir a ti ¿vulnerable o valiente? Si quieres que te acompañemos en el proceso no dudes en contactar con nosotros en maria.alonso@esenciadecoaching.com

 

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